Sin defensas

Cuál es su poder sobre mí
Que cuando está cerca,
Percibo su presencia aun sin verle
Cómo consigue que de repente y sin explicación
Yo sienta el día y la noche a un tiempo
Que vuelen palomas de confetti
Que en el aire explote un almizcle cuyo aroma
Huele a la respiración de los mil dioses de la perpertua muerte en vida
Contra mi voluntad, y sin poder evitarlo
Me veo perfumada por sales de Kiribati, aceites de Tonga
y besos Jibutís

Quedo detenida en el aire,
Inmóvil
respirando el hálito de siglos
Palpitando en mitad de la nada
Sin poder evitar tu poder sobre mí
Sin poder alterar tu mirada,
Tu desprecio hacia mí
Sin poder restaurar tu orgullo herido,
Sin poder ofrendarte miel y abejas,
Sin poder sacrificarte lo mejor de mí.
Cómo puedes
Dejarme sin defensas.
You\’re fucking toxic

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Ostias que te hacen grande

Empiezas tocando a Beethoven y acabas golpeando las tripas del piano y el suelo con tu bota militar, y resulta que en lugar de quedar el último lugar en el concurso de jóvenes intérpretes, quedas como un genio. Una bonita manera de sublimar, como decía alguien que conocí hace mucho.

Sería grande poder tocar así para vomitar toda la energía y la rabia que llevo dentro, pero no es mi caso. Lo bueno es que aunque no sepa tocar el piano, ya he aprendido a mirar a la basura de frente. Después de la rabia te sientas a analizar la situación y te das cuenta de que has vuelto a cometer un error de bulto.

Te das cuenta de que has sido una ingenua, de que no puedes depositar tu confianza ciegamente en quien te sonría, de que las buenas palabras pueden esconder destructividad y frustración, y de que la confianza se entrega sólo cuando alguien te entrega una prueba de confianza, la confianza no se regala, porque quedas a merced de las ostias que quieran infligirte. Y cuando después de años has logrado convencerte de que tú no mereces hostias, sino de que mereces todo el amor del mundo simplemente por ser tú, sientes rabia.

Lo malo es que algunas personas hemos crecido sin lo más imprescindible, que es la atención y el cariño necesarios. No entraré en detalles, pero eso te daña por partida doble: por una parte, careces de la confianza básica que te permite afrontar los desafíos más tontos de la vida con unas mínimas garantías. Por otra, no has aprendido las habilidades sociales que te hacen apto para sobrevivir en la complejidad de las relaciones humanas. Pero lo peor es que la compañía de los otros, su atención, su cariño, tienen un significado que va más allá de lo cotidiano, para ti es un regalo que a veces quieres recibir sin sopesar si la compañía, la atención y el cariño son genuinos o van a tener un feo precio.

Cuando no has recibido lo necesario durante niño, sólo te queda una cosa: reconstruirte a base de cincel, picando piedra. Todo es lento, muy lento. He pasado por varios purgatorios y por algún infierno. Y puedo decir ahora, con la cabeza bien alta, que sé lo que es el aislamiento, el menosprecio, sé lo que es la humillación. Lo sé y he sobrevivido. Y eso me hace mejor que a muchas personas, porque cuando me encuentro casualmente con los ojos de un desconocido y reconozco su desamparo, reconozco la ausencia de amor que hay en el interior de esa persona. Entonces le doy todo su valor al amor, que es lo que nos hace humanos y nos da la dignidad.

Esta ha sido mi manera de sublimar. Mañana cuando me encuentre de cara con quien que me ha pagado con la moneda equivocada la miraré a los ojos con total tranquilidad, sabiendo que no puede volver a hacerme daño porque no se lo voy a permitir. Y sabiendo que mientras yo voy creciendo a golpe de cincel, ella no tiene otra forma de soportar su miseria que escupiéndosela a los demás.

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Cuando no tienes amigos

He visto fuego, he visto lluvias
He visto días tan soleados que creí que nunca acabarían
He visto épocas solitarias en las que no tenía un solo amigo…

Lo dice James Taylor en Fire and Rain, una canción sentida, como todas las suyas.

Cuando no tienes amigos te acostumbras a ir sobreviviendo.
Cuando no recuerdas la última vez que alguien te dio un abrazo, es que alguna cosa no va bien.
Cuando ya no esperas que nadie te llame, no es una época solitaria, es algo más.
Y esto no es la letra de una canción, esto es mi vida.

Cuando no tienes amigos, te acostumbras a buscar la felicidad en otros sitios. Si la encuentras además de forma inesperada, sientes que es un regalo. Ayer durante 90 minutos me olvidé de mis problemas y me perdí en una historia de una mujer que huye de sí misma y que emprende un viaje buscando un lugar solitario donde vivir. Se llama Nothing personal, es una película rodada en inglés en Irlanda y dirigada por una holandesa de origen polaco. Ahí os dejo el trailer, a mí me encantó, y creo que el silencio sobrecogido al final de la proyección es señal de que no sólo me gustó a mí.

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Esas locas y sus ideas

Una chica holandesa de 14 años sale en los periódicos estos días porque quiera dar la vuelta al mundo en velero sola. Parece una idea de bombero, pero está convencida de que quiere batir el récord de ser la mujer más joven que haya circunnavegado la Tierra en solitario.

La noticia me interesa porque demuestra la discriminación que aguantan los niños en nuestra sociedad, incluso en una tan abierta como la holandesa. Sufren un trato autoritario o paternalista, pero a pocos se les trata como personas inteligentes que han de hacerse responsables de su vida. Estamos hablando de una chica de 14 años, que probablemente ya tenga la menstruación (lo que la capacita para ser madre), que ha superado el divorcio de sus padres, que tiene una pasión que guía su vida (cosa que no pueden decir muchos adultos) y, lo más importante, que ha mamado la navegación desde que era una enana. Basta decir que es hija de navegantes, y que de hecho, nació en el velero de sus padres.

Pero a mí me interesa mucho más que la decisión y la pasión públicas de esta chica muestra una imagen nueva de las mujeres en los medios. Demuestra qué es lo que quieren de verdad las mujeres. Voy a poner algunos ejemplos de lo que quieren las mujeres.

Ella se llama Sarah y quiere corriendo triatlones. También le encanta untarse de aceite hidratante y que le hagan fotos para ilustrar sus entrevistas.

Ella se llama Rita Levi-Montalcini, y quiere seguir aprendiendo y pensando mientras su cerebro se lo permita. También le encanta ponerse guapa a pesar de sus 101 años. Ha recibido numerosos premios durante su carrera investigadora, entre ellos el Nobel.

Ella se llama Montserrat Tura y quiere seguir haciendo política porque es su vocación, además de la medicina. Ha sido alcaldesa y ahora es consejera de Interior del Gobierno catalán.

Ella se llama Lydia Cacho y es periodista. Se ha jugado el cuello escribiendo sobre el feminicidio y la pederastia, en México, un país donde han sido asesinadas 10 mil mujeres entre 1999 y 2008, según Amnistia Internacional. Quiere y cree en un mundo más justo para las mujeres y los niños.

Se llama Teresa Forcadas, es monja benedictina, doctora en medicina y teóloga. Ha denunciado los abusos perpetrados por la industria farmacéutica y cree en una situación más igualitaria para las mujeres en la estructura de la Iglesia católica.

Y quisiera poder seguir juntando en esta página todo lo que queremos las mujeres. Que son tantos deseos como mujeres distintas somos. Sólo unas pocas, creedme, sueñan con acostarse con un hombre que puede ser su abuelo para salir desnudas en la portada de una revista.

El blog de la chica holandesa | Laura Dekker (en inglés)
Entrevista con Rita Levi Montalcini | “Cuando ya no pueda pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad”
La web de Lydia Cacho | Lydia Cacho


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Instrucciones para visitar un pub

NO HABLES CON DESCONOCIDOS. Sólo en la barra está bien visto que los desconocidos entablen conversación. Como no se sirve en las mesas y no queda más remedio que acercarse a la barra a pedir, es la mejor oportunidad para conocer gente.

LA LITURGIA DE LAS RONDAS. Si estás con un grupo, lo habitual es que cada ronda la pague uno distinto. La costumbre dicta que se acerquen uno o dos del grupo a pedir, y que sea uno el que se acerque a pagar.

CÓMO PEDIR EDUCADAMENTE. “A pint of bitter (negra), PLEASE”. “A pint of lager (rubia), PLEASE”. Cuando queremos media pinta, se abrevia a “Half a bitter [or lager], PLEASE”. Y nunca olvides decir “please”, tantas veces como sea necesario.

LA REGLA DE LA COLA INVISIBLE. Te acercas a la barra a pedir y no parece haber una cola. Pero cuidado. Un dicho afirma que basta un inglés para formar una cola ordenada. Los parroquianos y el camarero saben perfectamente cuál es el orden de llegada. Intenta saltarte tu turno y te verás golpeado con el látigo de la indiferencia.

ACATA TU ESTATUS INFERIOR. En el pub sólo hay dos clases sociales reconocidas: los habituales y los ocasionales. No intentes imitar el comportamiento de los habituales, porque las normas que siguen están especialmente pensadas para ellos.

CÓMO PIDE UN HABITUAL. “¿Es posible que pueda beber alguna cosa antes de que acabe el milenio?” “Un poco de movimiento, llevo esperando aquí desde el jueves”. Este tipo de ironías están reservadas a los habituales del pub, ni lo intentes.

GESTOS QUE NECESITAS CONOCER (Y EVITAR) PARA PEDIR. A veces tienes que atraer la atención del personal del pub para que te sirvan. Para hacerlo no está bien visto llamar al camarero, mucho menos gritar o hacer ruidos. Los gestos exagerados también están fuera de lugar, así como golpear la barra con monedas o tamborilear los dedos. La idea es emplear una mímica sutil y tu objetivo, entablar contacto visual con el camarero. Si sujetas un billete o un vaso vacío en la mano, el personal del pub interpretará que estás esperando que te sirvan. Se trata de mantener una expresión expectante, esperanzada, incluso algo ansiosa. Si pareces demasiado contento o relajado, no te prestarán atención.

Una vez hayas entablado contacto visual con el camarero, basta una sonrisilla esperanzada, o levantar un poco las cejas para que se dé por enterado de que quieres pedir. Entonces él (o ella) responderá con una media sonrisa, tal vez arqueando levemente las cejas o levantando un dedo o la mano, para darte a entender que te ha visto y que te servirá cuando pueda.

CÓMO DISCUTIR A LA INGLESA. El de discutir porque sí es un deporte extendido a nivel internacional, pero en las Islas Británicas la característica distintiva es que este tipo de discusión se practica especialmente en los pubs. En general son los hombres los que practican este deporte, aunque algunas mujeres también tienen mucha práctica. Y la regla principal es que nadie toma en serio las tonterías que se llegan a decir. Ahí va una conversación típica:
– ¿Qué dices?
—Yo no he dicho nada.
–Sí que has dicho algo.
–¡No he dicho nada!
–Te he oído, has dicho que es mi turno de pagar la ronda, ¡y te toca a ti!
–No he dicho una mierda, pero ya que sacas el tema, te toca pagar a ti.
–¡Menuda gilipollez!
–Entonces, ¿por qué me estás jodiendo?
–Yo no te estoy jodiendo, has empezado tú.
–Yo no he empezado.
–Yo tampoco.

Y AHORA LO MÁS DIFÍCIL: CÓMO DAR PROPINA. Es una operación “delicada” para la que se requiere cierta práctica. Una vez has pedido tu cervezas, para dar una propina preguntas al camarero si él también quiere tomar una. Un ejemplo:
–”A pint of lager, please”.
–”Three pounds, please”.
–Entonces puedes decir: “And one for yourself?” (¿Y otra para ti?)
Lo más probable es que el camarero responda:
–”I’ll have a half” (tomaré media, por ejemplo). Y entonces sumará el precio de su bebida:
–”That’ll be five pounds twenty, please”.

Ahora sabes lo que estás pagando por la invitación. Cuando el camarero consuma su cerveza, levantará el vaso hacia ti y dirá “cheers” o “thanks”. Felicidades, acabas de dejar tu primera propina en un pub.

Todo lo anterior está extraído de Watching the English: The Hidden Rules of English Behaviour, un libro sobre las normas sociales que siguen los habitantes de Gran Bretaña.

El libro es mucho más interesante que lo que se lee en el post, porque no consiste en un listado de anécdotas curiosas, sino que se teoriza con inteligencia y humor sobre el porqué de los rígidos comportamientos de la sociedad británica.

La autora se llama Kate Fox y es toda una señora antropóloga, de esos que se marchan a vivir con una tribu amazónica durante años y acaban comiendo gusanos machacados. Para escribir el libro, la señora Fox se dedicó a a saltarse las ordenadas colas de las Islas Británicas, a chocar accidentalmente con señores con bombín y paraguas y a espiar en los pubs. Os lo recomiendo, yo me estoy divirtiendo un rato con él. Estoy deseando llegar al capítulo titulado “Las reglas del sexo”,

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Los gorriones gorrones

No sé si se aprecia bien en la foto el pequeño ser que me vino a visitar mientras comía en la terraza de este restaurante. En este sitio, los gorriones se han hecho fuertes y se atreven a posar las patas en las sillas próximas. A casi todo el mundo le encanta que se acerquen  a las mesas a pedir comida y les caen sus buenas rebanadas de pan.

No sé gran cosa de pájaros, así que estuve especulando con uno de los camareros sobre cómo se dan cuenta esos pájaros tan pequeños de que estamos comiendo pan. Porque aparecen planeando sobre el patio precisamente cuando tienes el plato de pan en la mesa, no antes ni después (luego comento la foto). Suelen organizarse en grupos de dos o tres. A veces, una hembra viene con un par de polluelos que ya vuelan, pero que están aprendiendo a alimentarse por su cuenta. Llegan juntos, se posan en el suelo y los más crecidos imitan a la madre cuando come, pero aún hay alguno con más pinta de pollo que sigue lloriqueando para que le llenen el pico de comida. Y así lo hace la hembra, que le ignora y lo alimenta alternativamente, como en un curso acelerado de gorrión adulto.

El camarero dijo algo conmovedor: “son criaturas inteligentes”. Y cuando los observas durante unos días te das cuenta de que tiene toda la razón. El día de la foto les ofrecí una miga grandiosa en la palma de la mano, y me di cuenta de que unos son más decididos que otros, de que otros se confían antes, de que algunos no se atreven… de que entre ellos también son diferentes. Después del experimento, me vino a la cabeza la expresión esa de “comer en la palma de la mano” y me sentí mal por obligarles a franquear la decente distancia que siempre se debe mantener entre especies.

Después me cambiaron el plato del postre y el del pan por un café.  Y como un ángel un poco descarado, bajó una de esas criaturas a posarse al lado de mi café, quien sabe si con la esperanza de llevarse una última miga. Mirad bien la foto, porque estoy convencida de que en realidad, lo que estaba buscando el gorrión era alguna respuesta. Y siendo así, no se puede negar que sean, aunque sea a su manera, criaturas inteligentes.

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The Guardian

Desde que puedo leer un periódico en inglés sin tener que consultar el diccionario en cada línea, disfruto un montón leyendo The Guardian. En realidad no tienes la sensación de estar leyendo un periódico, porque ya las primeras páginas me engachan en seguida con historias curiosas que además están muy bien contadas. Y luego, resulta, te das cuenta de que además tienen que ver con la actualidad, lo que las convierte en noticias.

Otra cosa que me encanta de TG es su diseño. Mientras que otros más clásicos como The Times, que se ve aquí encima, usan imágenes más pequeñas y una tipografía más clásica, TG recurre al color en texto e imágenes. Y precisamente lo mejor son las imágenes. El formato generoso del periódico permite dar a las fotografías las dimensiones que a menudo merece la calidad de las imágenes, en la mejor tradición del fotoperiodismo.

Y hablando de las dimensiones del periódico, según Wikipedia son de 47 × 31,5 cm, lo que los anglosajones llaman formato Berliner. Es el más cómodo para leer repantingado en una preciosa butaca chester de cuero viejo, bajo la luz natural de un ventanal por el que asoma un jardín. Pero no es cómodo para leer en el metro. Claro que viendo cómo algunos leen the Financial Times, uno de los más grandes, parece ser una cuestión de práctica al doblar las páginas.

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